domingo, 13 de enero de 2013

Adiós, Papá.

Aunque no llegara a calentar, un brillante sol contrastaba con aquella triste mañana de invierno. Sentado en un banco, Sergio asistía desolado al funeral por su padre. Por segunda vez en su vida, estaba experimentando el vacío por la pérdida de un ser próximo. Su madre les había dejado tres años antes, tras padecer una grave enfermedad que le mantuvo prácticamente inconsciente los seis últimos meses.

Hijo único, su padre le había hecho prometer que si le pasaba lo mismo a él, no le dejaría sufrir tanto tiempo. No hizo falta cumplir la promesa. Hacía dos noches que su progenitor había quedado ingresado en el hospital, en principio por unas pequeñas molestias. Pasadas las doce sonó el teléfono en el apartamento de Sergio. Antes incluso de descolgar, ya sabía lo que había sucedido.

Tras dejar pasar un par de semanas, acordó una cita con el notario para proceder a la obertura del testamento. Una vez allí, su sorpresa fue mayúscula cuando éste le comunicó que su padre le había legado el piso familiar y exactamente, cuatro mil quinientos doce euros con veinte céntimos. Ni más ni menos.

Sergio abandonó el despacho perplejo. Su padre no era un hombre rico, pero la ferretería familiar había crecido hasta convertirse en una red de franquicias, por lo que la cantidad testada le pareció ínfima.

Volvió al piso que había heredado, por si entre los papeles y la correspondencia podía encontrar algún indicio sobre la inesperada descapitalización familiar. La búsqueda fue infructuosa. Sí encontró el teléfono móvil de su padre, sin batería. Buscó el cargador y dejó el aparato conectado. Entonces, vio algo sobre el escritorio del despacho. Un flamante ordenador portátil. Su padre nunca había sido amante de la tecnología. Disponía de teléfono móvil principalmente para llamadas de negocios, pero Sergio hubiera jurado que nunca había puesto un dedo sobre un teclado de ordenador. Abrió la tapa y presionó el botón de encendido.

Tras unos segundos de espera, el sistema le pidió una clave. No fue hasta el tercer intento cuando acertó con la correcta, una de las típicas de su padre.

El escritorio virtual se mostró ante él. Contenía tan sólo el icono de un navegador. Al seleccionarlo se abría la página inicial de un servicio de correo electrónico, por suerte con el usuario y la clave informados. Pudo acceder directamente a la bandeja de entrada. Para su sorpresa, estaba vacía.

Un sonido emitido por el móvil en carga le indicó que había vuelto a la vida. Pudo comprobar el listado de las últimas llamadas hechas y recibidas por su padre antes de morir. La mayoría eran conversaciones con Sergio, excepto un número que no pudo identificar. Frente al ordenador, abrió otra pestaña del navegador y buscó en Google ese número desconocido. Uno de los primeros resultados daba la solución: Era el teléfono de una oficina local del Banco Suizo.

Parecía ser que el viejo ferretero había descubierto las bondades de la banca privada, y que había sido titular de una cuenta secreta. Sergio pensó que las nuevas tecnologías abrían un sinfín de caminos nuevos, pero que a la vez era difícil evitar dejar huellas en ellos, como si siempre hubiera un Gran Hermano dando fe de nuestros actos en la red.

Salió del piso con el portátil bajo el brazo. Se dirigió a la oficina bancaria, oculta tras una discreta puerta bajo una placa dorada. Allí pidió entrevistarse con el director, un elegante señor que le dio el pésame y le confirmó que poco antes de la muerte de su padre, éste había retirado la cantidad de doscientos cincuenta mil euros, pagado las comisiones y cerrado la cuenta. Por supuesto, no era de su incumbencia saber qué pretendía hacer su cliente con ese dinero.

Sergio volvió algo confundido a su apartamento. Tras unos días de reflexión, abrió de nuevo el portátil. No tenía sentido que su padre lo hubiera adquirido para una única cuenta de correo electrónico vacía. Al acceder a ella, descubrió una veintena de mensajes en la carpeta de borradores. La técnica consistía en guardar allí correos 'delicados' para evitar el envío y rastreo por Internet. Un usuario remoto respondería utilizando la misma cuenta. El mensaje más antiguo tenía un título algo extraño:

“Dios hizo al mundo en siete días. Nosotros podemos mejorarlo”

Su padre nunca había sido excesivamente religioso, por lo que el mensaje le descolocó aún más. Lo abrió y esa fue la puerta a una de las sorpresas más grandes que tendría nunca en su vida.

En él, una corporación llamada “Extend U Live” explicaba que habían seleccionado a su padre ya que conocían su “problema de salud” y tenían una oferta que de bien seguro “no podría rechazar”. Al parecer, alguien le había entregado en mano el portátil con unas instrucciones básicas de uso.

Tras confirmar que podría estar interesado, los siguientes correos desvelaban el fin que su padre habría dado al dinero. “Extend U Live” había desarrollado una innovadora técnica de criogenización combinada con un entorno de realidad virtual que ofrecía a las personas con dolencias graves en sus últimas fases, la posibilidad de morir para el resto de la humanidad, pero continuar viviendo en una consciencia alternativa. El cuerpo se mantenía en una cápsula y el cerebro quedaba conectado a una red de experiencias sensoriales que simulaban perfectamente la vida, esta vez sin problemas de salud ni de edad, en base a unos parámetros decididos tras una serie de reuniones con el interesado. El precio era de doscientos cincuenta mil euros y era indispensable guardar absoluto secreto. La morada final se mantenía oculta por motivos de seguridad.

El resto de mensajes detallaban las acciones necesarias para finalizar el plan, incluida la muerte simulada del cliente, certificada por un médico a sueldo de la corporación, y su traslado tras el falso funeral a las dependencias secretas, donde viviría en plenitud su segunda oportunidad.

Al acabar de leer, Sergio tan sólo pudo pensar:

“Efectivamente, lo han conseguido. Esos hijos de perra han superado a Dios. Buen viaje, papá”.

---- FIN ----

NOTA IMPORTANTE: Este es el relato que he presentado al Primer Concurso de Relato Breve del Club de Escritura Fuentetaja, bajo el tema "El Dios Tecnología". Este es un concurso en el que, a partir del 20 de febrero, podréis votar los relatos publicados (entre ellos, este), en la página web del Club en Facebook: https://apps.facebook.com/club-de-escritura/

Mi Relato se llama 'Adiós, Papá'. Creo que para votar se debe tener o una cuenta en Facebook o bien darse de alta directamente en la página del club http://www.clubdeescritura.com/.

Gracias, en cuanto se abra la posibilidad de dar votos a las obras, os lo haré saber. ¡Un saludo!

domingo, 6 de enero de 2013

El visitante inesperado

BASADO EN HECHOS REALES.

1. LA SALIDA.


El día se había levantado fresco pero despejado, el tiempo ideal para lo que habíamos planeado como un relajante fin de semana de invierno en los Pirineos. Tras conducir un par de centenares de cómodos kilómetros a través de autopistas y carreteras comarcales, nos desviamos por una vía rural que se iniciaba en la base de una de las múltiples elevaciones montañosas de la zona.

Desde allí, entre verdes campos y tramos sin asfaltar salpicados de boñigas de vaca, una sinuosa carretera nos conduciría hasta nuestro destino. Tras casi nueve kilómetros de lenta subida, detuvimos los coches al lado de la primera casa del minúsculo pueblo, en la parte más baja. Elevando la vista se mostraban orgullosas no más de una veintena de casas esparcidas sin orden por la ladera, sobre las cuales reinaban las ruinas de un castillo medieval. Un bonito lugar con un halo mágico alrededor, sin duda.

Nuestros amigos, con los cuales íbamos a compartir la casa que habíamos alquilado, aparcaron tras nosotros. Los niños de cada pareja, nerviosos por el largo trayecto, bajaron rápidamente de los coches. Tras estirar un poco las piernas, nos adentramos en el pueblo, totalmente vacío en apariencia. Todas las viviendas eran de piedra y pizarra, algunas de las cuales -entre ellas aquella que íbamos a habitar los próximos dos días- habían sido restauradas.

En la puerta de aquella casa nos recibió la dueña, una señora de unos cuarenta años con el rostro surcado de arruguitas, y los mofletes rosados.

- Hola, soy Araceli, de Can Vidal. Hablé con alguna de vosotras - se dirigió a las chicas- para concretar el alquiler y quedar hoy. Supongo que es la primera vez que os acercáis a Sant Andreu de la Font, ¿Verdad?

- Sí, la primera- respondimos todos al unísono.

- Estupendo, estoy segura de que este pueblecito os va a encantar. Desde la iglesia hay unas vistas preciosas al valle.

- ¿Cuanta gente habita en él hoy en día? - preguntó uno de nosotros.

- Uy, aquí habrá actualmente alrededor de veinte casas mal contadas - respondió la lugareña -. En verano, hay bastante movimiento. Pero ahora en invierno tan sólo vive una familia de forma permanente. Y este fin de semana no están.

- ¿Entonces tú y tu familia no vivís aquí?

- Esta era la casa familiar hasta que fallecieron mis padres, pero actualmente vivimos en Sort, la capital de la comarca.

- ¿Quieres decir que estaremos solos en el pueblo durante el fin de semana?

- Bueno, solos no creo. Siempre hay turistas que suben a visitar el pueblo o gente que mantiene aquí una segunda vivienda que decide pasar el fin de semana de vez en cuando. Y también están las brujas del lugar - dijo la señora con una sonrisa enigmática.

- ¿Brujas? Respondimos todos, sorprendidos. Los ojos de los más pequeños se abrieron como platos.

- Efectivamente - respondió ella, visiblemente satisfecha de poder explicar una vez más la historia- . El pueblo tiene su origen en la segunda parte del siglo XI. Desde entonces, campesinos y ganaderos, pero también caballeros, nobles, embajadores, abades, consejeros y políticos han nacido y crecido aquí. Y tampoco nos podemos olvidar de las brujas. En el año 1.510, el dominio cayó bajo el gobierno de los Condes de Cardona, que para reforzar su poder, iniciaron procesos de brujería contra las habitantes de lugar. Berenguer de Copons, nombrado Procurador General y Administrador del Condado de Vilamur, emprendió una caza de brujas que se prolongó durante todo el siglo XVI, con un número indeterminado de procesos, delaciones, venganzas y falsedades, en detrimento de los lazos sociales del pequeño pueblo y de su capacidad de resistencia contra los señores feudales.

- Fascinante, - respondió nuestro amigo Toni. - Sigue, por favor.

- Y así sucedió que en 1.576, tuvo lugar el juicio de tres de aquellas desdichadas en la sala grande del castillo de los condes, ahí arriba.

- ¿Ese que está en ruinas?

- El mismo. Estuvo en pie hasta inicios del siglo XX, cuando quedó deshabitado totalmente.

- ¿Y qué pasó con las brujas?- preguntó Beatriz, la compañera de Toni mientras abrazaba a una de sus hijas, ya algo asustada con la historia.

- Fueron condenadas a la hoguera, siendo la sentencia ejecutada el día después en la pradera que acoge la torre del mismo castillo, bajo la atenta mirada del resto de habitantes del pueblo. Se dice que una de ellas, mientras se abrasaba en la hoguera, pronunció un hechizo por el cual el pueblo caería bajo una serie de plagas que ella misma en persona se encargaría de ejecutar.

- Je je je.. - sonreí yo sin evaluar las posibles consecuencias- la típica historia de la bruja cuyo espíritu queda vagando por el pueblo tras morir acusada injustamente por la inquisición.

- No te lo tomes a broma, muchacho - me cortó seriamente Araceli-. Un mes justo después del proceso, durante una gran tormenta un rayo destruyó la torre del castillo, y otro propagó un incendio en el pueblo. Esa sólo fue la primera de las maldiciones que han ido azotando al pueblo a lo largo de los siglos. Sequías, nevadas continuadas de varias semanas de duración, más incendios, éxodo, hambres, enfermedades...

- Vamos, lo típico en un pueblo aislado de alta montaña - seguí yo desafiando a la historia de terror que nos explicaba la aldeana.

- Algo molesta, Araceli concluyó la conversación.

- Como quieras, pero no deberías tomar a guasa las tradiciones y la historia oral de un pueblo. Algunas tardes de invierno, si se afina el oído, se puede oir el lamento de las brujas atravesando las calles del pueblo.

- Lo siento, no pretendía ser maleducado, es que soy de ciencias- intenté disculparme sin demasiado éxito.

La broma no provocó cambio alguno en el semblante de la anfitriona. Simplemente dejó de hablar, giró sobre sus pies, se dirigió a la puerta de la casona, la abrió y nos invitó a pasar. Durante ese intervalo de breves segundos, mi mujer tuvo tiempo de matarme con la mirada un par de veces.

Una vez dentro, comprobamos que el interior, incluídos muebles, electrodomésticos y decoración, era nuevo y magnífico, y estaba sobradamente equipado para las inclemencias del invierno, incluyendo en la sala de estar una bonita chimenea.

Araceli nos explicó que la casa había sido restaurada recientemente. Nos mostró las habitaciones y el funcionamiento de la moderna calefacción por radiadores, que ya había iniciado su trabajo, por lo que la casa se encontraba a una temperatura confortable. Desde el balcón se vislumbraban un buen número de picos nevados, varios pueblos más abajo en el valle, así como la carretera que lo cruzaba.

Tras explicarnos los últimos detalles, procedimos a pagar la estancia. La dueña de la casa nos entregó las llaves de la casa y preguntó si teníamos alguna cuestión más.

- Muchas gracias, por nuestra parte todo parece bien- le contestamos.

- Estupendo. Una cosa más: Si le va bien, le pediré a mi marido que suba a media tarde para comprobar que la calefacción funciona correctamente y que no necesitáis nada.

- Muchas gracias, pero no creo que haga falta, - contestó Toni. - Llevamos en los coches comida, bebida, juguetes, mantas, y todo lo necesario para pasar el fin de semana. No hagas subir a tu marido los nueve kilómetros de curvas solo para ésto. Además, si hay algún problema tenemos móviles y por lo que veo hay buena cobertura.

- No es ningún esfuerzo, la verdad. Tenemos huertos cerca de aquí, y hay que cuidarlos. Para nosotros es sencillo subir, nos conocemos las grietas y desconchones de cada curva de la carretera - concluyó ella con una sonrisa sincera.

- Gracias. Seguro que estaremos bien. Como hemos acordado, mañana por la tarde, después de comer, recogeremos todo y te dejaremos las llaves encima de la mesa de la cocina.

Tras comprobar que todo quedaba bajo control, Araceli se despidió, salió de la casa y cerró suavemente la puerta. Desde la ventana observamos como su figura se perdía entre las otras casas. Acto seguido salimos a la calle de nuevo para traspasar todas las bolsas con ropa, enseres, comida y bebida, desde los coches hasta el interior de la casa, y comenzamos a preparar la comida del sábado. Tras comer, recoger y lavar la cubertería, los cacharros, los platos y los vasos, nos dedicamos a descansar un rato en los cómodos sofás de la sala de estar, mientras los niños jugaban con sus videoconsolas portátiles y las niñas quedaban sentadas a la mesa mientras dibujaban princesitas góticas de labios negros.

A media tarde, decidimos salir a visitar el pueblo. Nos colocamos los anoraks y los guantes, y abandonamos nuestro refugio. Una fría temperatura nos recibió en el exterior, mientras arriba en la montaña un banco de densa niebla amenazaba con cubrir al pueblo en breve. No obstante, enfilamos la puerta y callejeamos un buen rato, sin vislumbrar ningún alma. O quizás sí, puesto que en realidad nos cruzamos con un par de gatos.

Casi sin darnos cuenta, la niebla había tomado las cuatro calles del pueblo mientras la oscuridad de la tarde amenazaba con hacer caer a alguno de los niños al suelo, irregular y empedrado, por lo que decidimos volver al calor de la chimenea. A esa hora, las luces exteriores de algunas casas se encontraban encendidas, a pesar de no habernos topado con persona humana alguna durante nuestro paseo.

Nada más entrar encendimos en el hogar unos troncos que habíamos recogido de la leñera, en el exterior de la casa. La temperatura volvió a subir mientras preparábamos la cena. Primero para las criaturas, luego lo haríamos más tranquilamente los mayores.

Una vez los pequeños hubieron acabado, las dos parejas nos sentamos a cenar, mientras algunos niños jugaban a un juego de mesa y el resto veía la televisión. Una escena relajante para una noche que aún deparaba alguna que otra sorpresa.

2. EL VISITANTE.


A media cena, sonaron de repente unos toquecitos en la puerta principal. Nos miramos sorprendidos puesto que ya era tarde, cerca de las diez de la noche, y por supuesto no esperábamos visita alguna a esas horas. Mi amigo Toni se levantó, y abrió la puerta con cuidado, poco a poco. Un hombre esperaba fuera con una bolsa de plástico en una mano y un extraño objeto en la otra.

- Hola, buenas noches. Soy Joanot Vidal, de los Vidal de Sant Andreu. Os traigo unos obsequios.

- Pase, pase por favor - dijo Toni algo sorprendido mientras nos miraba sin saber muy bien qué hacer en realidad. El resto nos encogimos de hombros pero activamos los sentidos por si detectábamos algún comportamiento sospechoso o peligroso en el desconocido. La situación no era muy normal y las alertas se disparan en estos casos.

- Gracias. -dijo él mientras pasaba al interior- Solía vivir en esta casa, está bastante cambiada.- El visitante ofrecía un aspecto algo desmadejado. El cabello algo largo, descuidado y canoso, la cara surcada de arrugas, el bigote abundante y la barba de varios días. Sus ojos eran intensamente azules, brillantes y tristes a la vez. Una chaqueta antigua cubría su camisa desgastada a rayas. Unos pantalones de pana oscuros, manchados de tierra y rotos por los bajos cubrían sus piernas, mientras unas botas de aspecto militar aún más sucias completaban el cuadro.

- Que aproveche.- comentó el recién llegado.

- Gracias, - respondieron las chicas.- ¿Quiere un poco? - Añadieron utilizando la fórmula que habían aprendido de sus familias cuando alguien se presentaba de imprevisto en mitad de una comida o cena.

- No gracias, no tengo hambre. - Contestó el tal Joanot. - De hecho os traía algo de comida.

Enseñó el contenido de su bolsa: Estaba llena de patatas cubiertas aún con tierra, como si las hubiera acabado de recoger. Llegué a la conclusión de que serían del huerto familiar y que el sujeto era el marido de Araceli. La bolsa contenía además una botella de vino cubierta de polvo. Joanot entregó la bolsa a Toni, que procedió a dejarla en la cocina antes de volver al grupo.

El visitante mostró entonces el otro objeto que había traído consigo: una pequeña y ajada maleta, de la cual extrajo un acordeón. Los niños, hasta ese momento en segundo plano, se acercaron a observar el instrumento. La más pequeña preguntó:

- ¿Qué es eso?

- Es un acordeón diatónico - respondió el visitante. - Se diferencia del acordeón normal, o cromático, porque en este su estructura musical depende de algunas escalas determinadas y fijas en el instrumento. Es muy típico en los Pirineos. En un lado tiene los bajos y acordes que usualmente se usan para acompañar la música o melodía que se interpreta en el otro lado, donde la nota de una misma tecla redonda cambia dependiendo si el aire sale o entra.

- Pero ¿Funciona? - La chiquilla cortó la explicación; quería ir al grano.

- ¡Claro que sí! ¿Queréis que la probemos? - Preguntó Joanot al grupo de niños, que ya se arremolinaba a su alrededor.

- !Siiiiiiiiii¡ - Respondieron todos al unísono, con ilusión, mientras los padres nos mirábamos extrañados por el extraño comportamiento del visitante. Observamos con algo de aprensión como los niños se acercaban al desconocido sin miedo alguno. Diría que alguno de los adultos echó un vistazo a la situación de los cuchillos de cocina, para tenerlos controlados frente a cualquier eventualidad.

El visitante entonó algunas canciones infantiles en un idioma un tanto incomprensible, e instó a los niños a acompañarle.

- ¿En qué idioma estás cantando? - preguntó uno de ellos.

- Es una variante del catalán que se usaba hasta hace algunos años aquí, en los Pirineos. - respondió el inesperado trovador, sin dejar de tocar el instrumento.

Las canciones se prolongaron durante un buen rato, hasta que supongo que el músico interpretó alguna de nuestras miradas impacientes.

- Creo que es un poco tarde, os debería dejar acabar de cenar - dijo, tras lo cual se descolgó el instrumento del cuello y se dispuso a guardarlo en su maleta.

De nuevo, fue interrumpido por la más pequeña:

- Por favor, ¿Podría hacerme una foto con el acordeón?

- Claro que sí, guapa, - dijo él mientras le colocaba la cinta por encima de los hombros y le ayudaba a aguantar el pesado instrumento. En ese momento, Toni sacó con el teléfono móvil un par de fotos de la niña, con Joanot y el acordeón.

Tras las fotos el visitante guardó el instrumento en la maleta, y se despidió de todos.

- Gracias por este ratito; veo que la casa ha quedado muy bien. Que paséis una buena noche, yo me vuelvo por donde vine, quedo tranquilo.

Los demás devolvimos el saludo y le acompañamos a la puerta, con un cierto alivio al ver que quedábamos solos de nuevo. Toni se dispuso a cerrar el portal.

- Toni, cierra bien la puerta con llave, por favor, le dijo su mujer. No me fío de ese tipo, me daba mala espina y he estado todo el rato pendiente de que no hiciera nada raro.

- Beatriz, - le dije yo- , creo que todos hemos tenido la misma sensación. Este Joanot tenía algo extraño en la mirada y en su comportamiento. Igual es que somos demasiado de ciudad y esto de visitar a los vecinos en mitad de la noche, que es normal en los pueblos, no lo es para nosotros...

- Quizás, pero te aseguro que no me fío de estas patatas roñosas y llenas de tierra que ha traído. Siempre que nos vamos de casa rural nos pasa algo raro.

Todos reímos con la ocurrencia de Bea, algo más relajados. El resto de la noche transcurrió sin más sobresaltos, así como el día siguiente, durante el cual visitamos en profundidad el pueblo y otros preciosos lugares del valle. Así llegó la hora de partir.

3. PREGUNTAS SIN RESPUESTA.


Mientras estábamos cargando los coches para la vuelta, se presentó Araceli, la dueña.

- Hola, como hacía buen tiempo he subido un poco antes a por las llaves, ¿Qué tal ha ido todo? ¿Os ha gustado la visita?

- Todo muy bonito y tranquilo, un lugar bucólico y relajante - dijo Toni.

- Me alegro de que os haya gustado. Por cierto, disculpad que ayer mi marido no se pudiera pasar, tuvo que ir a Tremp a hacer una visita y ya se le hizo tarde.

En ese momento todos nos miramos extrañados. Mi mujer fue la primera que reaccionó.

- Ehhh. Perdona, creo que hay un malentendido. Tu marido vino ayer, algo tarde. Sobre las diez de la noche.

- ¿Mi marido? - respondió Araceli.- Imposible, estuve con él en casa a partir de las ocho, cuando llegó de la visita. ¿No me estaréis vacilando por la historia que os expliqué ayer de las brujas? Era por supuesto una leyenda, os la expliqué para ambientaros un poco en la historia del pueblo.

- No, en serio: no estamos bromeando. - dije yo. - Pero entonces, ¿Quién es ese tal Joanot Vidal que nos visitó ayer? Un tipo con bigote, camisa a rayas y pantalones de pana. Dijo que había vivido en la casa, por lo que debe ser alguien de tu familia.

La dueña de la casa se sentó en uno de los escalones de la entrada, algo desconcertada.

- No sé quién es ese individuo. No hay nadie actualmente en la familia que se llame Joanot - dijo con cara de no entender nada. - Mi marido se llama Sebastià Martí.

- El visitante trajo patatas que supusimos eran del huerto familiar, una botella de vino y tocó un acordeón extraño con los niños - añadió Bea-. Creo que no llegó en ningún coche, y que se marchó caminando.

La cara de Araceli cambió de la desconfianza a una nueva mueca, mezcla de pánico y desconcierto.

- Ohhh ¡Dios mío! No.... No... Es imposible. Aparte de que os visitara un desconocido que llegara a pie, lo cual no tiene mucho sentido atendiendo a la temperatura exterior y a la hora, tan sólo puedo encontrar una explicación y no es nada racional. El último Joan o Joanot de la familia que vivió en esta casa... Era mi abuelo... que murió hace más de sesenta años. Era una especie de cantante y poeta que iba de pueblo en pueblo por todo el valle, tocando su acordeón diatónico en fiestas populares. Luego se hizo de los maquis y lo mataron en la montaña las tropas franquistas.

- ¿Qué estás diciendo? ¡Eso es imposible! Estuvimos ayer con él, lo podemos comprobar - dijo Toni, buscando las fotos que hizo a su hija con la cámara del móvil. Hasta que su rostro quedó blanco al llegar a la imagen en cuestión.

- Ostia, no puede ser... No, no me lo puedo creer - dijo totalmente fuera de sí.

- Toni, ¿Qué pasa? - le preguntó preocupada Beatriz, su mujer.

- Mira tú misma la foto - le pasó el móvil.

En la pantalla del dispositivo se veía la imagen de la pequeña... aguantando ella sola el acordeón en vilo. Nadie más sostenía el instrumento. Nadie más aparecía en la foto. Tampoco en la siguiente. Bea empezó a sollozar y buscó a su hijita para abrazarla.

- Tranquilos, estamos todos bien. - Dije yo.- Debe haber una explicación racional para todo esto... Pero no consigo encontrarla.

Mientras tanto, Araceli Vidal había entrado en la casa y ahora salía de nuevo con lo que parecía un grueso libro de tapas de piel, bastante desgastado.

- Dentro de la casa supongo que habéis visto una puerta cerrada con llave -dijo-. Pues bien, esa puerta da a un trastero donde guardamos los productos de limpieza, sábanas limpias y algunos objetos antiguos que conservamos tras la restauración de la casa, hace un año. Entre esos objetos está este album con fotos antiguas de la familia. Y si no me equivoco, debe haber alguna de mi abuelo.

Se sentó de nuevo en los escalones de entrada y empezó a hojear las páginas amarillentas del álbum. Hasta que encontró lo que buscaba.

- Mirad, aquí hay una foto de Joanot Vidal, mi abuelo.

Todos nos abalanzamos hacia ella. Efectivamente, allí estaba Joanot, un poco más joven que el de la noche anterior, con menos arrugas, afeitado y con su bigote perfectamente recortado. Entre sus manos sostenía el acordeón diatónico que había tocado la noche anterior ante nuestros ojos. Araceli despegó la foto de la página, la giró y leyó las palabras escritas:

"Joanot Vidal. Fiesta mayor de Sort, Julio de 1.949"

- Pues es él, no hay duda, aunque un poco más joven que ayer -afirmó Toni. Los demás tan sólo pudimos asentir mientras tratábamos de recuperar el aliento. - Además creo que he encontrado otra prueba- dijo, mostrándonos la botella de vino que nos había obsequiado durante su visita. Miramos a la botella, a la que Toni había sacado brillo.

Todos vimos que la etiqueta era de una bodega desconocida, al menos para nosotros. Pero lo que nos llamó la atención fue la fecha que aparecía en ella: "Añada de 1.951".

De nuevo, no pudimos hacer otra cosa que callar. Los niños nos observaban preocupados pero de algún modo entendían que era mejor no interrumpir el momento. Pasados unos minutos, convenimos que no íbamos a sacar nada en claro, por lo que era mejor emprender el viaje de vuelta a casa.

Al despedirse, Araceli recordó que al menos nosotros nos íbamos a casa y que probablemente no volveríamos a Sant Andreu de la Font, pero que ella y su familia iban a tener que vivir con esa incertidumbre hasta que alguien pudiera dar con una explicación racional. En silencio, nos abrazamos con la dueña, le entregamos la botella de vino, y subimos a los coches.

Justo antes de dejar el pueblo, frente a la primera casa, paré y tiré una bolsa con basura al único contenedor del lugar. Mientras cerraba la tapa, juraría que pude oir un triste lamento, prolongado y profundo, que venía de entre las calles.

Mi mujer y yo no abrimos prácticamente la boca durante el trayecto de vuelta.

FIN.



domingo, 16 de diciembre de 2012

Relato ganador del primer premio del II concurso de relatos cortos JAK.

Es de madrugada en la ciudad. Alguien está siendo perseguido por una
jauría de perros. En un momento de lucidez, se da cuenta de que está
atrapado en una pesadilla. Ya ha experimentado antes la misma
sensación. Se esfuerza en despertar, pero es en vano, puesto que llega
a una nueva alucinación. Ahora se encuentra en una pequeña barca,
justo en el centro de un embalse. Cualquier gran extensión de agua le
provoca un profundo pánico. Presa del miedo, cae al agua y se hunde a
plomo.

Así, va encadenando varias pesadillas en las cuales se reflejan sus
principales obsesiones y fobias. No consigue despertar.

Hasta que en una, aparece en un diminuto espacio desconocido,
silencioso y oscuro. Le duele la cabeza y su cuerpo está envuelto en
una especie de sudario. Asume que es otra broma de su subconsciente,
en la que ha sido enterrado vivo y se encuentra en el interior de una
cripta. Descubre un punto de claridad. Toma una decisión, y hace
acopio de todas sus fuerzas para liberarse de lo que él cree que es su
mortaja. Salta con todas sus fuerzas hacia la luz. Pero ha incurrido
en un error fatal. En realidad ya se había despertado, en la
habitación de un hotel, tras una resaca en la que sus amigos le habían
cubierto con una toalla. Desgraciadamente, la luz y la ventana son
reales, así como la distancia de varios metros a los adoquines de la
acera. Mientras su cabeza impacta contra ellos, lo comprende todo.

FIN

miércoles, 12 de septiembre de 2012

LA TRILOGÍA. Capítulo 2: "El epílogo inesperado".

Anteriores Capítulos:

Capítulo 1: "La llamada a medianoche"


 

Capítulo 2: "El epílogo inesperado".


Alex se obligó a pestañear antes de enfocar de nuevo sus retinas hacia la inesperada página extra. Estaba escrita a mano, con un estilo de letra recargado y barroco, y a tinta azul. Su primera impresión fue que el libro no era totalmente nuevo, sino que alguien lo había manipulado antes que él y había escrito en la última página. De inmediato le pareció una tonta idea, ya que el ejemplar fue adquirido en la librería de Sebas, convenientemente protegido y plastificado el mismo día que salió a la venta.

Picado por la curiosidad, continuó leyendo. A cada renglón, su sorpresa se iba incrementando.

"EPÍLOGO: Una invitación especial, por Olivier d'Antoni.

Estimado amigo o amiga.

Por favor, sigue leyendo. Soy Olivier d'Antoni y prometo por mi (probablemente ya algo desgastado) honor que he escrito este epílogo de mi propio puño y letra. Felicidades, puedes considerarte afortunado, ya que has obtenido el honor de ser depositario de un raro ejemplar de mi libro.

Efectivamente, es éste un regalo especial que he querido ofrecer a unos cuantos, ciertamente muy pocos, de mis lectores y lectoras más fieles, aquellos que han adquirido la segunda novela de la trilogía 'El cielo en tinieblas' tan pronto como se ha puesto a la venta. Por ello, personalmente y de la forma más discreta posible, he depositado cinco de estos ejemplares en algunas librerías escogidas de la ciudad, añadiendo a ellos el epílogo extra que estás leyendo y mi firma, como puedes comprobar.

En tus manos, pues, tienes un libro extraordinario. Espero que lo sea, en primer lugar, por lo que te ha dado hasta ahora, pero en especial, por lo que te puede ofrecer a partir de este momento. He dedicado cuatro largos años de mi vida a intentar superar en esta segunda parte la calidad e interés de la primera, y a la vez establecer un puente hacia la tercera. Me encantaría conocer tu opinión, saber que mi esfuerzo no ha sido en vano, y que estás impaciente por conocer el desenlace de la historia.

Si es así, tengo buenas noticias para tí: He organizado una pequeña reunión para que, si así lo deseas, tú y los otros afortunados con este epílogo extra, podáis conocerme en persona y podamos debatir juntos sobre el devenir de este maravilloso cuento fantástico. Deseo insistir en que esto no es una broma. Es mi propósito sincero el que mantengamos un encuentro exclusivo a la par que excitante. Cenaremos en buena compañía, charlaremos, y habrá algunas sorpresas relacionadas con la tercera y última entrega de la Trilogía.

Llegado a este punto, me gustaría pedirte un cierto nivel de discrección, necesario para el correcto progreso de mis planes y sorpresas. Estas son mis condiciones: Por tu propio interés, no divulgues este epílogo, es tu salvoconducto para una experiencia extraordinaria. No lo hagas público ni lo comentes con tus amigos o familia, y acude en solitario a la reunión. Esta será cancelada si alguna de estas prerrogativas no es cumplida por cualquiera de los invitados. Sería una pena que me tuviera que enterar por Internet, las redes sociales, la radio o la televisión que la convocatoria debe ser anulada.

Muy importante: Trae contigo este ejemplar con su correspondiente epílogo. Es tu invitación personal, certificada con mi propia firma.

Muchas gracias por tu interés y tu tiempo. Serán debidamente recompensados, tienes de nuevo mi palabra. Confío plenamente en tu asistencia a la reunión, he aquí los detalles:

28 de noviembre, viernes, a las 22:00 horas.
Paseo Marqués de Argentona, 12.

Sinceramente, Olivier d'Antoni"

CONTINUARÁ.

Si quieres saber como acaba la historia, envíame un correo a thebug71@gmail.com 

martes, 11 de septiembre de 2012

LA TRILOGÍA. Capítulo 1: "La llamada a medianoche"


Pasaban unos minutos de las once cuando sonó el teléfono en el apartamento de Alex. Dudó en descolgarlo. Era tarde y estaba cansado, tras un día complicado en la oficina. Finalmente, decidió iniciar un lento movimiento extensivo de su brazo y agarró el auricular con la mano derecha.

-¿Sí? Preguntó con cierta desgana.

- Alex, soy Sebas, !Tengo algo que te va a interesar!

- ¿De verdad, Sebas? Son más de las once de la noche y estoy molido, mejor que sea algo bueno.

- Te lo aseguro, tío, y perdona, no te he podido llamar antes, pero ahora atiende: Mañana sale a la venta la segunda novela de la trilogía fantástica de d'Antoni.

- ¿Estás seguro? Todo el mundo está esperándola desde hace más de cuatro años, y en todo este tiempo no ha dado señales de vida.

- Seguro, Alex. Esta tarde hemos recibido las cajas en la librería. Muy pocos ejemplares, así que date prisa mañana.

- OK, Sebas, gracias por el chivatazo. Si ves que se acaban, resérvame uno, por favor. En cuanto pueda escaparme diez minutos de la oficina, me paso por la librería y me hago con uno.

- De nada. !El tito Sebas, a su servicio!

- Nos vemos mañana, gracias otra vez.

- !Bye!

Alex colgó el teléfono. Su amigo trabajaba en una de las librerías más importantes de la ciudad y la información debía ser correcta. Así, que, por fin, la segunda parte de la trilogía de d'Antoni estaba en la calle. Le extrañó no haber oído nada en los medios.

Pero esta vez no habría hecho falta ninguna publicidad, a pesar de que la editorial Cortés-Pavía, propietaria de los derechos del libro, era especialista en pomposas e insistentes campañas de marketing. Habían pasado ya unos cuantos años desde que Olivier d'Antoni, un escritor desconocido hasta entonces, consiguiera el raro clamor unánime de crítica y público con la novela "El artesano de almas", primera entrega de la trilogía fantástica "El cielo en Tinieblas": Perdedores habituales, desorientados en un extraño lugar de nieblas permanentes, mansiones con secretos, extrañas y bellas damas y otros misterios a resolver por un aguerrido y joven detective, en una época y lugar indeterminados.

El éxito de la novela fue absoluto. Tras un tímido inicio basado en el boca a oreja de los lectores, la editorial programó una intensa campaña publicitaria en diferentes medios, con d'Antoni apareciendo en multitud de entrevistas, reportajes, ferias de libros y ruedas de prensa. Su impostado aspecto de 'dandy' de inicios del siglo XX, apareciendo siempre con traje y chaqué de raya diplomática, pajarita, sombrero de copa, reloj de bolsillo, bigote y perilla, le ayudó a convertirse en una celebridad, casi en un icono. Vendió cientos de miles de ejemplares de su libro, que fue traducido a un importante número de idiomas.

Hasta que, un día, súbitamente, el escritor y su imagen bohemia desaparecieron de la escena pública. Por lo que se rumoreaba, ni el famoso y millonario Ramon Maria Cortés, propietario de la editorial, sabía de su paradero. Numerosas hipótesis surgieron desde la calle, entre las que se encontraban el suicidio del autor o la posibilidad de que el d'Antoni de las entrevistas fuera en realidad un actor marioneta, y que el autor real de la novela era un famoso periodista local que quería preservar su anonimato por alguna razón.

Alex no creía en ninguna de aquellas teorías conspiranoicas. Suponía que d'Antoni habría tenido una crisis creativa, o que simplemente estaba cansado de tanto trajín y se había tomado un período sabático antes de publicar la segunda parte.

Pero ese período llegaba ya casi a un lustro sin noticias del autor, por lo que la figura mediática de d'Antoni se fue transformando en un mito, creando una especie de leyenda maldita alrededor, a tono con los personajes de su historia.

Alex se acostó aquella noche con la firme intención de ir a buscar el libro el día siguiente, ya que él fue uno de los miles de lectores atrapados por las tramas de d'Antoni, e incluso había estado esperando con cierta ansiedad la publicación del segundo libro durante algunos meses.

La mañana siguiente fue de nuevo algo complicada en la oficina, con papeleo y extensa burocracia que rellenar. No fue hasta casi la hora de comer que Alex cayó en la cuenta de que podía ser ya demasiado tarde para sus planes literarios. Súbitamente, dejó lo que estaba haciendo, se dirigió a la puerta de la oficina, bajó apresuradamente a pie los 3 pisos hasta el nivel de la calle, y encaminó sus pasos hasta la librería donde trabajaba Sebas.

Al entrar buscó con la mirada a su amigo, y lo encontró atendiendo a una señorita, por lo que pasó de largo a su lado, aunque lo suficientemente cerca para que Sebas dedicara una fracción de segundo a reparar en su presencia.

Conocía sobradamente la tienda y su distribución. Se dirigió a la zona de 'Best Sellers' y echó un vistazo a los diferentes volúmenes colocados en diferentes posiciones y formatos. No encontró ningún rastro de la nueva novela de d'Antoni. Continuó buscando sin éxito por el resto de secciones. Sebas seguía atendiendo a la clienta mientras Alex iba perdiendo la esperanza de encontrar lo que buscaba. Quizás todo había sido una confusión de su amigo. Hasta que, sin saber muy bien porqué, se encaminó a la sección de autores locales, donde en general obras de escritores semidesconocidos se cubrían de fino polvo hasta que un empleado -generalmente el último en ser contratado- era asignado a la tarea de hacer relucir de nuevo sus lomos.

Y allí lo vio, sobresaliendo de los demás, con su brillante cubierta plastificada y su explícito título: "A las puertas del Limbo". Muy d'Antoniano: parece que finalmente Sebas estaba en lo cierto.

Justo al ir a tomarlo con sus manos, un ligero toque en su hombro le hizo girarse. Era Sebas con cara circunspecta. Alex se sorprendió al observar su expresión.

- Hola ¿Qué pasa, Sebas?

- Me temo que tendré que pedirte perdón. Esta mañana hemos puesto a la venta los escasos ejemplares que nos habían llegado del libro de d'Antoni, pero la noticia ha corrido tan rápidamente que no me ha dado tiempo a reservarte uno ... y se han acabado hace un par de horas.

- ¿De qué estás hablando, Sebas? Si tengo aquí el libro, le dijo mostrándole la cubierta.

Su amigo miró sorprendido, primero al libro y después a Alex.

- Ostia, pues se me debe haber pasado. ¿Dónde lo has encontrado?

- Aquí mismo, en el departamento de autores locales.

- Que raro, si los colocamos todos en el de 'Best Sellers', como corresponde.

- Debe haberlo movido aquí algún cliente despistado.

- Buff, me quitas un peso de encima, le dijo Sebas. !Suerte que lo has encontrado tú mismo!

- Amigo mío, más bien diría que me ha encontrado él a mí.

La conversación continuó breves minutos hasta que un nuevo cliente reclamó la atención de Sebas. Alex entonces se dirigió hacia la caja para pagar su flamante adquisición, antes de salir del local preso de una extraña euforia.

Aquella misma tarde empezó a devorar la segunda entrega. Esta vez, a diferencia del primer volumen, el libro no era especialmente extenso. En pocos días, sacando tiempo de aquí y de allá, fue capaz de acabarlo. La novela enganchaba desde un buen principio, mantenía el tono fantástico y ágil, y, a través de diversas aventuras y desventuras, dejaba a nuestro héroe entre la vida y la muerte, a expensas de la finalización de la trilogía.

Tras leer la última línea de la última página de ese último capítulo, Alex cerró los ojos, inspiró profundamente y obtuvo un breve pero intenso momento de felicidad, seguido inmediatemente de una sensación de ansiedad por conocer lo antes posible el final de la historia.

No fue la última de sus sensaciones aquella velada. Al pasar brevemente la penúltima página, descubrió una nueva sorpresa, esta vez en forma de un Epílogo inesperado.

CONTINUARÁ.

Siguientes Capítulos:

Capítulo 2: "El Epílogo inesperado"

 

miércoles, 16 de mayo de 2012

Soñando en bucle

1. Asfalto.


Me estaban alcanzando. Mientras trataba de acelerar mi torpe carrera, eché un vistazo por encima de mis hombros hacia atrás. Comprobé que, efectivamente, la jauría que corría tras de mí me estaba ganando terreno.

La escena tenía algo de irreal. Estaba siendo perseguido por un grupo de perros rabiosos, similares a aquellos que suelo ver en los parques del barrio. Mis pies descalzos corrían por el asfalto mojado de la Diagonal de Barcelona, a la altura de las universidades, hacia el centro de la ciudad. Era completamente de noche y nadie más se vislumbraba en el horizonte. Tampoco coches, ni siquiera brigadas policiales o de limpieza. Yo corría en camiseta y ropa interior, como recién levantado de la cama. La distancia que nos separaba iba disminuyendo a pasos agigantados.

Al quedarme sin aliento, intenté asumir que un nuevo derroche de adrenalina no me iba a salvar, y detuve mi carrera para intentar pensar por un segundo. Esta situación es absurda, imposible, pensé. Me giré hacia los chuchos, que se acercaban frenéticos hacia mí enseñando sus dientes bañados en espuma blanquecina. En breves instantes me iban a alcanzar.

Entonces lo tuve claro. Estaba en un sueño. Mejor dicho, en plena pesadilla. Ya me había pasado antes. Una situación límite que mi subconsciente inventaba para vengarse de lo poco que le dejaba salir a la superficie y expresarse libremente. En aquellas situaciones, simplemente tenía que convencerme de que estaba soñando, y tratar de despertar.

Así que levanté los brazos en señal directa a los perros, tal y como haría el Señor de las Bestias, pretendiendo así darle un poco de solemnidad al momento. Estaba seguro que despertaría en mi cama en unos segundos. Si es posible en un sueño, ya podía oler el aliento nauseabundo de aquellos animales, cuando cerré los ojos y esperé.

2. Agua.


Tras unos segundos de tensa espera, intenté abrir de nuevo los ojos. Algo había ido mal porque un sol cegador me lo impidió, hiriendo mis pupilas y provocando que los volviera a cerrar de forma inmediata.

Tardé otros pocos segundos en reaccionar, e intenté abrir de nuevo mis párpados, muy poco a poco. No estaba en mi habitación, el lugar esperado, sino que me encontraba en una barca sin remos en mitad del mar. El sol, bien alto, caía abrasador sobre mi coronilla. Por su posición calculé que en este sueño, sería alrededor del mediodía. Porque no podía haber ninguna otra explicación: Seguía soñando, no había podido despertar.

Era raro. Muy raro. En las ocasiones anteriores en que había sido capaz de interpretar que estaba en una pesadilla, con tan sólo un poco de esfuerzo había logrado escapar del mal trago y volver a la semi inconsciencia y a la caricia suave de mis sábanas. Quizás esta vez no iba a ser tan fácil.

Mi garganta estaba seca. Me incliné sobre el borde de la barca y mojé mi cara con algo de agua. Unas pequeñas gotas recorrieron mi frente y mis pómulos hasta llegar a la comisura de mis labios. Me sorprendí saboreando agua dulce.

Lo que en un principio debía ser motivo de alegría por el hallazgo de agua potable (o cuanto menos bebible), se transformó inmediatamente en la punta de un iceberg de pánico, seco y profundo. Desde niño, me aterrorizaban los embalses y los lagos de aguas quietas. Y ahora, por el lento movimiento del agua, y su sabor dulce, tenía todos los números para estar en uno de ellos.

Colocando una mano sobre mis ojos a modo de pantalla, logré vislumbrar una orilla en la lejanía. Esa noche mi alter ego freudiano seguía apostando fuerte contra mis miedos más íntimos.

De repente y sin previo aviso, un estruendo a lo lejos me liberó de mi ensimismamiento y me obligó a volver a levantar la vista. A los pocos segundos, cayó otro trueno y empezó a llover con violencia. En cuestión de segundos el cielo se había cubierto de nubes negras que me hicieron añorar el sol anterior. La barca se balanceaba peligrosamente y bajo su quilla se movían, casi rozándola, figuras oscuras y alargadas, siluros o quizás algún otro pez de tamaño similar.

Tomé una decisión e intenté hacer de nuevo el esfuerzo de despertar. Algo volvió a salir mal.

3. Skyline.


En uno de los vaivenes de la barquita, caí al agua, empecé a hundirme a plomo, y sentí como mis pulmones se llenaban de agua y perdía la consciencia. Extraordinaria paradoja: Estaba inconsciente en mi subconsciente.

Pero al parecer todavía seguía vivo puesto que continuaba percibiendo algunos estímulos. Me encontré siendo arrastrado hacia el fondo del lago, envuelto en la total oscuridad y acariciado de vez en cuando por alguna de aquellas criaturas que me acechaban antes bajo la barca. Me dejé llevar, puesto que no podía hacer otra cosa, y seguí asumiendo que estaba en un mal sueño.

Mientras me iba sumergiendo, con el hilo de vida que me quedaba recordé que, a los once años, en una excursión del colegio al lago de Banyoles, un compañero me había explicado que, tiempo atrás, un niño había caído al lago, desapareciendo entre sus aguas, para no aparecer su cuerpo sino al cabo de los meses en las costas de los Estados Unidos. Mi amigo me contaba que aquel viaje era posible debido a que el lago estaba comunicado por corrientes internas con el mar Mediterráneo, y que las mareas habían llevado el cuerpo del desdichado niño a cruzar el Atlántico y presentarse, cual inmigrante clandestino y fantasmal, en un puerto del este de los Estados Unidos.

La historia tenía pocos visos de ser verosímil, pero en aquel momento entendí que mi compañero consiguió con su bizarra historia incrustar en mi alma ese miedo casi atávico a los lagos y a las grandes extensiones de agua cerrada. Era curioso, puesto que esa sensación no me pasaba nunca cuando estaba en la playa, o en un barco cruzando el mar.

Atrapado en mi estado de ni-vivo-ni-muerto, ni me di cuenta que ahora mi cuerpo estaba ascendiendo de nuevo. Pasado un tiempo (segundos o semanas, quién sabe), mi cabeza asomó por encima del agua, y mis pulmones volvieron a aspirar de nuevo el oxígeno del aire.

Por primera vez en la cadena de acontecimientos de esa noche me sentí aliviado. Es lo bueno de los sueños, no tienen que ser verosímiles o creíbles. Tan sólo están en tu cabeza, como producto de tus anhelos, tus objetivos, tus deseos, tus miedos y tus debilidades. Me rendí a cualquier atisbo de lógica. Los sueños son de formato libre. Son como el batido que resulta de mezclar una pizca de cada uno de nuestros muchos 'yo'.

Todavía en el agua, al abrir de nuevo los ojos, otra fuente de luz cegadora me sorprendió. Esta vez no era luz natural. En la noche cerrada, el aura de un perfil de cientos de edificios altísimos se mostraba ante mí. Un Skyline bien conocido. Ayudándome un poco con los brazos, giré sobre mí mismo, para reconocer algo que hizo dar un vuelco a mi corazón. A unos cientos de metros, la Estatua de la Libertad, en la pequeña isla del mismo nombre, se levantaba también, con su color verdoso de cobre oxidado, iluminada por potentes focos.

La zona portuaria de Manhattan no parecía estar demasiado lejos, así que nadé en la oscuridad, y alcancé un pequeño amarre en una zona que parecía de almacenes. Cual Arnold Schwarzenegger en la película 'Mentiras arriesgadas', conseguí subir a tierra firme, y al salir del agua, ya estaba totalmente seco y enfundado en un elegante smoking negro con su correspondiente pajarita.

Quizás mi subconsciente se había apiadado de mí y me había dado una tregua.

4. Traducción simultánea.


Una limusina blanca apareció tras la esquina de uno de los viejos almacenes, y prosiguió su marcha en dirección a mí. Al detenerse a un metro escaso de mis nuevos zapatos italianos, bajó de ella un chófer perfectamente uniformado, abrió una de las puertas laterales y me dirigió unas palabras:

- La señorita Kathleen le está esperando. Suba por favor, le llevaré.

Al estar en un sueño, el idioma en que me había hablado no era importante, ya que le hubiera entendido en cualquiera. Otro punto positivo de los sueños es que tienen traducción simultánea: Siempre entiendes a todo el mundo, estés donde estés.

Curioso por comprobar a dónde me llevaba todo ese montaje, subí al inmenso coche, y esperé acontecimientos. La limusina se movía rápida y ágil por las calles de Manhattan, hasta que se detuvo en la puerta de entrada de un lujoso edificio de plantas infinitas.

El chófer bajó, volvió a abrirme la puerta, y me indicó:

- Planta 35, Puerta A.

Le di las gracias (uno no debe perder la educación aunque esté delirando), y me dirigí al piso que me había sugerido el conductor, utilizando un lujoso ascensor después de que el portero me ayudara a flanquear la entrada. ¿Quién sería Kathleen? Quizás tuviera una ligera idea, estando como estaba en MI sueño.

5. Kathleen.


La puerta estaba abierta, así que crucé el umbral y anduve unos pasos, poco a poco, adentrándome en el apartamento. Por los ventanales se vislumbraban las luces de la gran Manzana. Las cortinas ondulaban suavemente y una fresca brisa se colaba a través de ellas.

En el centro de una estancia iluminada tenuemente, destacaba una mesa preparada para la cena, con todo el menaje necesario, y dos sillas, una en cada extremo.

Me senté en una, y a los pocos segundos, alguien salió por una puerta lateral.

Efectivamente, mi intuición no me había engañado, y por una vez mi yo interior y el exterior se habrían puesto de acuerdo. Era ella, la gran Kathleen Turner, en su versión Peggy Sue, esplendorosa y bellísima en un elegante vestido de noche digno de ser exhibido por la más glamurosa alfombra roja.

Con movimientos pausados, se sentó a la mesa y me susurró con su voz encantadora:

- Te estaba esperando. Hace mucho tiempo.

¿Qué hombre no ha soñado escuchar esas palabras alguna vez, de voz de una mujer de bandera como ella?

Lamentablemente yo no estuve a la altura de las circunstancias. Reducido y  minimizado por su presencia, le hice la única pregunta que ella no hubiera esperado en aquella situación:

- Pe.. Pe.. Perdona, creo que necesito ir al servicio. ¿Me puedes indicar dónde está, po.. po.. por favor?

- Al fondo a la derecha, me sonrió ella mientras señalaba una puerta de madera blanca.

Ya en el reservado, abrí el grifo del agua fría y me refresqué la cara y el cuello, con la mala fortuna de que me salpiqué todo el smoking.

Me pareció descortés y ridículo volver a la mesa con las solapas del traje empapadas, por lo que utilicé una de las toallas del servicio para intentar secarlas durante 5 interminables minutos.

6. El departamento de Educación.


Al volver, ella ya no estaba. En su lugar, tan sólo una nota sobre mi plato. Desplegué el papel, y leí unas líneas que me helaron el corazón:

"Estimado señor XXX.


A raíz de un proceso de auditoría iniciado por una denuncia llegada al departamento de educación, se ha descubierto una incidencia que afecta a su expediente académico para el Curso de Orientación Universitaria (C.O.U).

En base a tal incidencia, lamentamos notificarle que su expediente ha sido totalmente anulado y que por tanto tal curso queda ahora pendiente de realizar por su parte. Si lo estima conveniente, le ofrecemos la posibilidad de volver a cursar las asignaturas que han quedado suspendidas, adaptadas al plan de estudios actual.

Los hechos establecidos en el párrafo anterior conllevan automática y necesariamente la supresión de su posterior licenciatura universitaria.

Si lo desea, puede oponer recurso ante tal decisión ante los tribunales correspondientes.

Atentamente, 
El departamento de Educación"

En resumen, el papelote me decía que tenía que volver a repetir COU y la carrera. Otra de mis pesadillas recurrentes.

Rompí el silencio del apartamento, ahora vacío, con mis carcajadas. No podía hacer otra cosa. Inicialmente surgió como una risa sorda, interior. Su volumen fue en aumento a medida que noté como la ira iba poseyendo mi cuerpo, enfundado aún en un traje con las solapas húmedas.

El maldito bucle de sueños despiadados ya se estaba prolongando demasiado, así que, utilizando toda la ira y la rabia acumuladas, me volví a concentrar para intentar escapar de él y volver al mundo real.

7. Mi dolor de cabeza.


Aparecí de nuevo en una estancia desconocida, en penumbra. Estaba tumbado sobre unos cojines, y envuelto en una especie de mortaja que me cubría la cara y no me dejaba maniobrar bien los brazos. Me dolía mucho la cabeza.

Otra broma del maldito subconsciente en forma de sueño, asumí. Y esta vez se está burlando de mí de forma especialmente macabra: Me ha situado en una especie de cripta, envuelto en esta mortaja para que crea que me han enterrado vivo.

Anhelaba despertar, de una vez por todas. Recordé entonces que en una ocasión había soñado que iba en un autocar con un grupo de amigos por una carretera de montaña, y que llegados a la cima, éste empezaba a caer marcha atrás por una ladera. Al llegar al borde de un precipicio, el autocar seguía la marcha y se despeñaba en el vacío. Justo antes de impactar contra lo más profundo del barranco, la propia impresión de caída me hacía despertar.

En una de las paredes de aquella cripta se vislumbraba algo de claridad, por lo que tomé una rápida decisión, harto de ser el juguete roto de mi otro yo. Si en el sueño del autocar me había servido, ¿Por qué no ahora, en este?

Hice acopio de todas mis fuerzas para liberarme de la mortaja, me levanté y corrí hacia la ténue luz, saltando con todas mis fuerzas hacia ella. Estaba convencido de que la sensación de caer me devolvería, esta vez sí y de forma definitiva, al mundo real.

Noté que mi dolor de cabeza desaparecía inmediatamente, en cuando ésta impactó contra un suelo adoquinado.

8. La investigación.


Los primeros rayos del sol iluminaban las terrazas y balcones del pueblo mientras la inspectora de la policía local Ana Sánchez seguía tomando declaración a los dos amigos, ambos con el rostro desencajado, y sentados en el sofá del comedor de un minúsculo apartamento.

- Y bien, ¿Alguien me puede explicar que ha pasado aquí?

Uno de ellos, el más alto, intentó responder lo mejor que pudo.

- Inspectora, sinceramente no entendemos que ha podido pasar. La historia es muy simple. Tres compañeros de trabajo que alquilan un apartamento para pasar unos cuantos días de descanso en la playa. Llegamos en autocar, ayer por la mañana.

- Sí, ni siquiera vinimos en coche... Para desconectar totalmente, le interrumpió el otro, aún con lágrimas en los ojos.

- ¿Y me podrían explicar que han estado haciendo desde que llegaron al pueblo, hasta el momento del accidente?

El primer amigo, que parecía más entero, continuó con su explicación.

- Al llegar ayer, rápidamente dejamos nuestras cosas en el apartamento y bajamos a la playa para relajarnos. Quizás estuvimos demasiado tiempo tomando el sol. Por la tarde, como son fiestas de verano, fuimos a ver unas carreras de galgos que se celebraban en la misma playa.

- ¿Bebieron mucho? Interrumpió con semblante serio la inspectora.

- No, respondieron al unísono los dos. Esa tarde, tan sólo algunas cervezas, dijo el chico alto. Además - prosiguió-, después de las carreras subimos al apartamento para ducharnos. Recuerdo que mientras esperábamos a que todos nos acabáramos de preparar, estuvimos viendo una película en la tele, de aquellas típicas de sábado por la tarde.

- De acuerdo ¿Podrían recordar el nombre de la película?

- Sí, era "La Joya del Nilo", con Michael Douglas y .... esa chica rubia tan guapa, no me acuerdo del nombre.

- Kathleen Turner, respondió la inspectora.

- Ella misma, efectivamente.

- Bien, y luego ¿Que pasó?

Esta vez volvió a hablar el que parecía más afectado, después de mirar de reojo a su compañero.

- Salimos a cenar, y esta vez bebimos un poco más de la cuenta.. bastante más, a decir verdad. A nuestro amigo parece que le sentó un poco mal el alcohol, y - volvió a mirar al otro- le gastamos una pequeña broma.

- ¿Qué clase de broma? Inquirió la inspectora, elevando esta vez el tono de su voz.

- Pues... en realidad...  fue la típica broma entre colegas: Le subimos a una barquita de pescadores que estaba varada en la playa y le empujamos un poco hacia el mar. Él estaba medio mareado, así que una vez en el agua empezó a moverse asustado, balanceando la barca hasta que se cayó de ella.

- Eso sí, inmediatamente le rescatamos, lo envolvimos en una toalla y lo subimos al apartamento. Estaba semi inconsciente cuando llegamos.

Esta última parte había sido añadida por el otro amigo, y él mismo continuó con las explicaciones.

-  Por la mañana, al llegar al apartamento por primera vez, nos habíamos jugado las camas de las dos habitaciones a suertes, y nuestro amigo perdió, por lo que le tocó a él dormir en este sofá. Así que aquí mismo, donde estamos sentados, le dejamos ayer por la noche, envuelto todavía en la toalla y por lo que creemos, profundamente dormido... o borracho. Serían cerca de las dos de la mañana.

- ¿Y después, qué? Volvió a interrogar la inspectora.

- Después... nada más, hasta que pasó ... lo que ya sabe. Debían ser sobre las cinco de la mañana cuando nos despertamos los dos de golpe, por el sonido de las sirenas de la policía y de las ambulancias. Habíamos dejado abierta la ventana del comedor que daba a la calle para que pasara el fresco, porque ya ve que en este apartamento de mierda no hay aire acondicionado. No sabemos qué pudo pasar por la cabeza de nuestro amigo, pero al asomarnos a la misma ventana, lo descubrimos ya así, inmóvil y estirado en el suelo de la calle, cuatro plantas más abajo.






FIN.

sábado, 28 de abril de 2012

La extraña maldición de los baterías del rock.


¿El instrumento del diablo?
Hace algunas semanas surgió la noticia (repetida hasta la saciedad por casi todos los medios online nacionales) que el comité de festejos de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 había contactado al mánager del grupo musical The Who para ver si podría hacer que Keith Moon, batería (o baterista) del grupo, pudiera actuar junto a sus compañeros en la ceremonia de clausura de dichos Juegos.

La respuesta del mánager fue cuanto menos interesante, ya que comentó que para empezar necesitaría una tabla Ouija y unas velas. Y que tuvieran en cuenta que, si Keith actuaba ese día, podían empezar todos a temblar.

Porque, como ya habréis adivinado, Keith Moon está muerto. Desde 1.978.

Esa nota de prensa me hizo reflexionar sobre el alto número de estrellas del rock que mueren prematuramente. "Muere joven y deja un bonito cadáver", o "Espero morir antes de hacerme viejo" son mantras que parecen formar parte de la mística imprescindible para llegar a ser leyenda.

Es bien conocido el caso del 'club de los 27', donde sólo puedes entrar si eres estrella del rock y mueres trágica, y si es posible, violentamente, a los 27 años. Como les pasó a Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison (de the Doors), o Kurt Cobain de Nirvana.

Últimamente, se han añadido a la lista de estrellas de la música fallecidas abruptamente Michael Jackson, Amy Winehouse y Whitney Houston. Tan sólo la soulwoman Amy pudo entrar en el club, Michael y Whitney no tenían la edad adecuada. Aunque quizás ellos pudieran formar parte de otra categoría: Estrellas del rock muertas de forma totalmente estúpida. Tan repleta de gente como el camarote de los hermanos Marx.

Es este un tema profusamente tratado en cientos de otros artículos y posts, por lo que en este,como homenaje a Keith y algunos de sus colegas, me centraré en aquellas estrellas del rock que un día, sin avisar, dejaron a su grupo sin percusión.

Esta lista no pretende ser exhaustiva, tan sólo una pequeña muestra (muertes de rock stars las hay casi cada día). Para más detalles, existen cientos de blogs específicamente dedicados a las filias, fobias y leyendas del Rock, como Anecdotario del Rock. 100% recomendable si te gustan las camisetas con motivos de zombies y las chupas de cuero negro y tachuelas.

Keith Moon, de The Who (1.946 - 1.978)



Keith John Moon nació el 23 de agosto de 1.946 en Middlesex, Inglaterra.

Se unió a The Who en abril de 1.964, tras jactarse de ser mejor que el batería anterior, Doug Sandom.

Se dice que los miembros de la banda siempre se odiaron entre sí. Especialmente latente era el rencor entre el cantante Roger Daltrey y el guitarrista Pete Townshend. Por su parte, Moon y el bajista John Entwistle se plantearon seriamente dejar el grupo a los dos años, e incluso Moon tuvo una oferta para tocar en el grupo de Jimi Hendrix, pero la descartó porque "aquella había sido una semana tranquila con The Who".

Aún así, The Who ha creado varios clásicos en forma de piezas musicales, y su influencia ha alcanzado a diversas generaciones de músicos de diferentes tendencias, como Nirvana, Pearl Jam o Green Day.

El 25 de mayo de 1.978, después de conseguir grandes éxitos, Moon graba para la TV su último concierto con The Who, incluído en el documental The Kids are Alright.

El 7 de septiembre del mismo año, después de cenar con Paul y Linda McCartneyMoon, de tendencias imprudentes, muere de sobredosis en Londres, en casa de Harry Nilsson. Se había tomado 32 pastillas de un medicamento sedante que le había sido prescrito para tratarse de su adicción al alcohol. De las 32 pastillas, le mataron las 6 primeras. Las restantes 26 se encontraron en su estómago sin disolver.

Musicalmente, Moon tocaba la batería de forma dramática y emocionante, evitando frecuentemente los ritmos básicos. Se puede decir que vivió de una forma similar. Su técnica se basaba en el manejo ambidiestro del doble bombo, en la rapidez de sus redobles y en el golpeo salvaje de los platillos.

De manera póstuma, fue inducido al Rock Hall como miembro de The Who en 1990.

John Bonham, de Led Zeppelin (1.948 - 1.980)


John Henry 'Bonzo' Bonham, de Led Zeppelin. Para muchos, el mejor.

John Henry Bonham nació en Worcestershire (Inglaterra) el 31 de mayo de 1.948. Su grupo, Led Zeppelin, liderará y definirá el rock de los años 70.

En julio de 1.968, The Yarbirds, donde tocaba la guitarra Jimmy Page, se habían separado. Por contrato, todavía tenían que completar una gira. Jimmy y el bajista Chris Dreja tuvieron que buscar un nuevo grupo. Terry Reid, cantante de Protocol Harum, les rechazó peró recomendó a Robert Plant, que trajo consigo a John Bonham. Chris fue finalmente sustituído por John Paul Jones.

Aunque inicialmente no hubiera demasiada química personal, al iniciar sus ensayos en agosto de 1.968 descubrieron que musicalmente se entendían a la perfección. Se iniciaba La leyenda de Led Zeppelin. El nombre del grupo fue ideado por Keith Moon (nuestro primer amigo de hoy) y John Entwistle de The Who, ya que pensaban que el grupo podría caer en picado, como un globo de plomo.

Que levante la mano quién no haya disfrutado alguna vez de 'Starway to Heaven' con los ojos cerrados y moviendo la cabeza rítmicamente.

Después de una década de éxitos, In Through the Out Door (Grabado en los estudios de ABBA en 1.979) fue el último album número 1 del grupo a ambos lados del Atlántico. Su "Tour Over Europe" de 1.980 auguraba una nueva década absolutamente gloriosa para el grupo, pero durante los ensayos de septiembre, John Bonham falleció el día 25, en Boleskine House, la mansión de Page, asfixiado por la aspiración accidental de su propio vómito provocado por el consumo excesivo de alcohol (se dice que tomó 40 raciones de vodka). No se encontraron drogas en su cuerpo.

El resto del grupo nunca dudó: No podían seguir sin John, era inútil continuar sin él. A pesar de todo, tenían firmado un contrato para lanzar un nuevo LP, para el que utilizaron  grabaciones descartadas y material inédito. El epitafio musical de Led Zeppelin fue el álbum Coda, presentado en 1.982.

Según la wikipedia, Bonham es considerado uno de los mejores bateristas de rock de toda la historia, ya que cambió el enfoque que se tenía del instrumento. Creó un estilo que consistía en una pegada más dura y con menos adornos, alejado del Jazz y del Blues predominantes. Bonham usaba también las baquetas más largas y pesadas del mercado, a las que se refería como «árboles».

Su estilo era muy rítmico y explosivo. Destacaba un uso único de figuras rítmicas invertidas, ejecutadas muy seguidas entre el bombo y la caja. Sus solos de batería, duraban cerca de media hora, llegado a tocar sin baquetas para lograr nuevos efectos.

Tras su muerte, Led Zeppelin no se ha vuelto a reunir para grabar material nuevo. Tan sólo han actuado esporádicamente en el marco de macro-conciertos (como el Live Aid de 1.985), o para alguna colaboración entre antiguos miembros del grupo.

Un gran homenaje para su compañero, dando por hecho que sin él, ya no podían seguir siendo Led Zeppelin.

Eric Carr, de Kiss (1950-1991)

 



Paul Charles Caravello, de nombre artístico Eric Carr, nació en Nueva York en julio de 1.950. Fue batería del híbrido entre banda de Rock y producto de merchandising Kiss desde 1.980, hasta su muerte en 1.991.

Entró en la banda después de diversas pruebas de audición, sustituyendo al batería anterior, Peter Criss. Quizás su estilo y su técnica a las baquetas y los platillos no marcaba diferencias, pero Eric ayudó a Kiss a definir su estilo en los 80, que languidecía después de algunos buenos años.

Eric murió en la madrugada del 24 de noviembre de 1.991 (el mismo día que Freddy Mercury, de Queen), debido a un tumor degenerativo grave, complicado con un derrame cerebral. Su última actuación con Kiss fue la grabación del video-clip del tema God Gave rock'n'roll To You.

Paul Hester, de Crowded House (1.959 -2.005)



Paul Newell Hester nació en Melbourne en enero de 1.959. Inició su carrera como baterista en el grupo Split Enz, bastante conocido en Australia. El líder de Split Enz era el guitarrista, compositor y cantante Neil Finn, con el que dos años más tarde Paul fundaría, junto al bajista Nick Seymour, la banda de gran éxito mundial Crowded House.

Después de conseguir fama con temas como "Don't dream it's over", o "Weather with you", Paul dejó el grupo en 1.994, debido a las condiciones de la vida itinerante y bohemia que debía llevar como músico, y por su desencanto con la industria musical.

Paul se colgó de un árbol el 26 de marzo del año 2005 en un parque de Melbourne. Arrastraba una profunda depresión desde hacía varios años y padecía de frecuentes cambios de humor.

Rick Allen, de Def Leppard (1.963-??).



Vale, de acuerdo. Rick Allen, el batería de Def Leppard no está muerto. Él tuvo más suerte que otros y además pudo continuar con su carrera musical tras el accidente automovilístico de 1.984 en el que perdió su brazo izquierdo.

Rick todavía sigue tocando con una batería adaptada.


Bien, hasta aquí mi breve lista para el post de hoy. Si buscáis, podéis encontrar más información de baterías (o bateristas) que podrían formar parte de ella, como por ejemplo Cozy Powell, de Rainbow, que murió también por sobredosis... de imprudencia, cuando conducía su deportivo y combinó mala visibilidad en la carretera con excesos de velocidad y de alcohol, y a la vez hablaba con su novia por teléfono móvil.

Como excepción a la regla, quisiera destacar a Tommy Ramone (de Ramones, claro está), batería y a día de hoy, único superviviente de la banda.

Si os habéis quedado con ganas de ruido y percusión, tened aquí un link con el recopilatorio de los 10 mejores baterías del rock (vivos o muertos), desde la Revista Rolling Stone.

NOTA: Para la redacción de este post, además de Google y Wikipedia, he utilizado el libro "Rock Connections. El mapa completo del Rock' n' Roll", de Bruno MacDonald, gran recopilatorio que propone una nueva forma de lectura, imitando a los enlaces de hipertexto. Altamente recomendable para locos del rock.